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Opinión

Alienación Parental

El Síndrome de Alienación Parental, también conocido como SAP por sus siglas, fue definido por primera vez en 1987 por Richard Gardned como “un trastorno infantil que surge casi exclusivamente en el contexto de disputas por la custodia de los niños. Su manifestación primaria es la campaña de denigración del niño contra un padre, una campaña que no tiene justificación. Ello resulta de la combinación de una programación (lavado de cerebro) de adoctrinamiento parental y de las propias contribuciones del niño para el vilipendio del padre objetivo de la campaña”.

Este fenómeno de alienación parental, se presenta por regla general en casos de divorcio o de padres separados en disputa por la custodia del menor.

Se considera una forma de maltrato infantil, debido a las manipulaciones mentales que se realizan en el menor, derivadas de críticas, insultos, chantajes emocionales, para evitar que el niño vea al padre alienado. Muchas veces se ve alimentado el chantaje y manipulación tanto del padre alienante como por la familia ampliada: abuelos, tíos, e incluso, la pareja del padre alienante. En algunos casos, cuando hay amenazas, se puede considerar como un acoso psicológico, si las amenazas son consistentes y persistentes. Amenazas que buscan alianzas y generan un enorme conflicto al menor. El padre alienante lo trata de convencer de la conveniencia de permanecer con él y distante del padre alienado. Esas “alianzas” generan mucha ansiedad al menor, pues tiene que elegir a uno de los padres, y rechazar al otro.

La separación de los padres, por divorcio o cualquiera otra causa, son generadoras del campo propicio para la alienación, y hacen más vulnerable al menor afectado.

La naturaleza de la alienación parental es controversial. Mientras para unos autores es un padecimiento o enfermedad que incluso debe atenderse como un problema de salud pública, otros la consideran un trastorno pasajero, que no debe ser considerado como una enfermedad.

De hecho, el catálogo de Naciones Unidas no clasifica la alienación parental como enfermedad, sino como una “disfunción materno paterno filial”.

Pese a que hay polémica médica en cuanto a la naturaleza de la alienación parental, lo cierto es que el legislador sudcaliforniano ha reconocido atinadamente la importancia de proteger a los menores de esta amenaza a su sano desarrollo.

En Baja California Sur, desde marzo de 2015 es delito, y se considera como una modalidad de violencia familiar prevista y sancionada por el artículo 203 del Código Penal en vigor, que establece: “Violencia por alienación parental. Al que ejerciendo la custodia sobre el menor comunique hechos con el ánimo de causar el desprecio o cualquier acto de manipulación tendiente a provocar alienación parental encaminada a producir en el menor, rencor, rechazo o desprecio, hacia uno o ambos de los progenitores, se le impondrá tratamiento en libertad y de cien a doscientos días multa.”

La intención es buena, pero la redacción es desafortunada, pues según el Código Penal, solo el padre que ejerza la custodia puede cometer el delito de alienación parental. Si el otro padre la comete, -el que no tiene la custodia-, no hay delito. Pifia que ya ha tenido consecuencias generadoras de impunidad. Esperemos que en breve se corrija la desafortunada redacción del tipo penal.

Por su parte, el Código Civil en vigor para el Estado, ataca con mejor técnica legislativa el tema.

En su artículo 323 bis establece: “Se entiende por alienación parental la manipulación o inducción que un progenitor realiza hacia su menor hijo, mediante la desaprobación o critica tendiente a obtener la denigración exagerada y/o injustificada del otro progenitor para producir en el menor, rechazo, rencor, odio o desprecio hacia este”.

En el mismo artículo, atendiendo al interés superior del menor, y al marco de protección más amplio para los infantes, que los tratados internacionales imponen, señala que “En cualquier momento en que se presentare la alienación parental por parte de alguno de los progenitores hacia los hijos, el juez ordenará de oficio las medidas terapéuticas necesarias para los menores, con la finalidad de restablecer la sana convivencia con ambos progenitores”.

Atendiendo a la custodia de los menores, el numeral 327 del referido Código Civil previene como causa de la pérdida de la custodia “cuando se manifiesten síntomas de alienación parental”.

Nuestra legislación es proteccionista en el tema, infortunadamente y pese a su importancia, ni el Tribunal de Justicia ni la Procuraduría Estatal, cuentan con peritos especializados en alienación parental, lo que lleva en muchas ocasiones a la toma de decisiones erráticas, basadas en dictámenes emitidos por peritos no especializados; lo que indefectiblemente trasciende en perjuicio del sano desarrollo de los menores afectos a esta problemática.

En breve, el Centro de Estudios de Posgrado, en convenio con el Colegio de Posgraduados en Derecho y Ciencias Afines de BCS, ofertará un posgrado en Alienación Parental para profesionales del ramo. En tanto ello sucede, seguiremos nadando en la improvisación.

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