California como geografía de la esperanza desde se descubrimiento

California como geografía de la esperanza desde se descubrimiento

noviembre 13, 2017 0 Por Redacción
Invertirás 4 minutos de lectura

La Paz, BCS.- La California mexicana es la geografía de la esperanza, afirmaba tajantemente el Dr. León Portilla hace algunos años y no es para menos, más allá del embrujo que la California mexicana ha ejercido en el estimado Dr. León Portilla, y el cual se ha materializado en una voluminosa producción de trabajos y rescate de documentos relativos a nuestra historia, tenía razones el benemérito investigador de la UNAM en sostener su dicho.

¿Cómo se puede llegar a la conclusión de que nuestra California representa la geografía de la esperanza?, la respuesta va más allá de la cartografía, aunque parte de ese mismo punto. Nacida del mito, el nombre de California surge al calor de los acontecimientos que protagonizaron los exploradores del siglo XVI; es bien sabido lo de la ubicación del nombre en la novela «Las sergas de Esplandián» y el cómo cundió ese nombre para llamar a la nueva tierra, descubierta por el traidor Jiménez en 1533, pero puesta a salvo su leyenda tras la toma de posesión de Hernán Cortés dos años después. Cortés soslayó completamente la primicia descubridora de Jiménez y no es para menos, por ser resultado esta de crímenes y traiciones que se sucedieron en la navegación capitaneada originalmente por Diego Becerra, a quien Fortún Jiménez le arrebató la vida por ambición, y a desprecio de la confianza que el propio Cortés había depositado en su amplia experiencia como piloto.

Cortés hizo valer sus credenciales como Capitán General de la Nueva España, ignorar la llegada de Jiménez era crucial para mantener la tierra a espera de una posesión formal. Arruinaba ampliamente los planes cortesianos esa traición pues abría la puerta a la codicia de otros capitanes, sobre todo de Nuño de Guzmán que ya iba avanzando por el continente, justo a la altura de Culiacán. Cortés alzó inmediatamente sus faldas y puso el mayor empeño en alcanzar la meta californiana. Ciertamente con un nombramiento tan pomposo como el de Marqués del Valle de Oaxaca sus territorios eran enormes, pero no dejaban de ser periféricos. Además, no era el mismo conquistador que rindió Tenochtitlán a sus pies unos años antes, ahora se encontraba cercado por la Audiencia, se le había abierto un juicio de residencia por acusaciones sumamente serias -no ser un buen cristiano, no ofrecer la parte correspondiente de las ganancias a su majestad, incesto, entre otras- , algunas de sus propiedades habían sido confiscadas por la corona española e incluso pesaba sobre él una orden de no poner pie en la Ciudad de México su pena de ser arrestado y procesado.

Cortés ya no era un jovencito, pero aún con su amplia experiencia fue empujado por las envidias y acusaciones a los límites de la geografía conocida hasta entonces, pero Cortés convierte la desgracia en ventaja: el extremo conocido del mundo se convierte en su teatro de acción y necesitaba un golpe de suerte, apela a su oficio de explorador, sabe que encontrar la ansiada ruta a Oriente puede acarrearle la gracia del Emperador Carlos V: las viejas glorias del pasado pueden revivirse.

California representa la encarnación de ese brazo de esperanza que Cortés necesitaba, además, otro capitán caído en desgracia como Nuño de Guzmán, ya había puesto el ejemplo de los «pies en polvorosa», pues ejecutor de numerosas fechorías como miembro de la Audiencia estaba consiente que sería llamado a cuentas, mejor se enviste de conquistador y, con los recursos que cuenta, pendón de adelantado en mano, avanza hacia el norte fundando su «Reino de la Nueva Galicia«.

Ocupado el espacio al norte, a Cortés le queda la opción de la Mar del Sur, opción que ya venía trabajando desde años antes cuando comenzó a construir embarcaciones en Zacatula, Acapulco y Tehuantepec. Ganar el norte era crucial, Cortés pensaba que en aquel rumbo encontraría el ansiado paso del Norte, el famoso estrecho de Anián del cual Marco Polo habló en sus viajes, por donde podría hacer cruzar su flota desde el Atlántico a la Mar del Sur, ya no habría necesidad de pasar trabajos llevando por tierra los materiales de una costa a otra de México, además la conquista de dicho espacio le cerraría el paso a Nuño, encapsulando su Nueva Galicia a un espacio concreto. Congraciarse con el Rey dominando esta nueva ruta lo seguiría haciendo útil a los ojos de la Corona y bloquear al acérrimo enemigo en el mismo acto era un doble objetivo por el cual valía la pena gastar.

Hoy sabemos que la ocupación que tenía Cortés de California fue truncada por las circunstancias, no sólo naturales sino también –y sobretodo- sociales: el primer virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza, terminó absorbiendo las facultades políticas de Cortés en los nuevos reinos, el viejo conquistador de Tenochtitlán nunca renunció del todo a sus pretensiones sobre California, peleó hasta el final de su vida por su posesión por otros medios; la consecuencia más fehaciente es que levantó actas de toma de posesión y cartografía de la zona, así el mundo supo que la California era española antes que nada, los piratas ingleses y holandeses que dominaron sus costas en las décadas siguientes, nunca pudieron reclamar el espacio californiano como propio por la tenacidad de Cortés de gastar en la empresa colonizadora. Al final de cuentas, la esperanza de Cortés en California sí se materializó, consolidándose como una posesión española, y convirtiéndose en mexicana desde hace ya casi dos siglos.