CRIMINALIZAR ADICTOS: LA ESTRATEGIA FALLIDA

noviembre 2, 2015 0 Por Pablo Diestro
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Por: Arturo Rubio RUIZ

Durante los últimos 40 años, la estrategia oficial de combate al flagelo del narcotráfico, ha sido sustentada por la simulación y el discurso. Poco o muy poco se hace por inhibir efectivamente la acción y el efecto de las operaciones del narcotráfico en nuestro País. Entidades como Baja California Sur, pasaron de ser un simple punto de reabastecimiento de combustible, a centros de consumo y distribución al menudeo, con las terribles consecuencias sociales y de salud que ello conlleva.
La complicidad e incompetencia oficial llevó la estrategia al punto de criminalizar adictos, para generar estadísticas que justifiquen el supuesto quehacer en el combate al narcotráfico. 
Aprovechando la vulnerabilidad de los farmacodependientes, y el desprecio social a quienes habitualmente consumen fármacos, se teje una pantalla de “lucha contra el narcotráfico” en la que se limitan a empapelar y encarcelar a usuarios de las drogas, mientras se brinda protección a los distribuidores de las mismas.
El 20 de agosto de 2009, que adicionó a la Ley General de Salud el capítulo VII “Delitos Contra la Salud en su modalidad de Narcomenudeo”, para diferenciar a quienes portan drogas para consumo personal de quienes lo hacen con fines de comercio y distribución o “narcomenudeo”. 
Lo anterior, lejos de mejorar el esquema de combate al narcotráfico, lo empantanó, y “legitimó” la participación directa de cuerpos policiacos de todas las corporaciones en las originalmente llamadas UMAN Unidades Mixtas de Atención al Narcomenudeo, hoy COE Centro de Operaciones Estratégicas, donde al macro distribuidor de drogas, o “dueño de la plaza”, le facilitan el trabajo corruptor, pues en lugar de “negociar” con cada corporación, lo hace de manera conjunta y con más eficacia.
A partir de la invención del eufemismo “narcomenudeo”, y hasta mayo de 2013, según cifras de la PGR, se ha ejercitado acción penal en contra de más de cien mil consumidores, todos ellos por cuestiones de menor cuantía. Cuarenta mil más fueron detenidos y puestos en libertad. En el mismo periodo, el 75% de las averiguaciones previas iniciadas por delitos contra la salud fueron por casos de posesión, lo que refleja una tendencia sistemática de ingresar a los consumidores al sistema penal, para llenar estadísticas y vendernos la idea de que “están trabajando”.
La prevención y la asistencia médica preventiva o terapéutica, es inexistente en los programas oficiales de atención a la farmacodependencia. Encarcelarlos en lugar de atenderlos, es la constante que hoy tiene sobrepoblados nuestros centros carcelarios, mientras el gobierno se gasta miles de millones de pesos en armamento y en implementar programas de “combate” ineficaces y dispendiosos.
Los servicios de atención pública para personas usuarias de drogas son escasos y para quienes requieren tratamientos en internamiento son prácticamente nulos. Los servicios de internamiento en el país son ofertados mayoritariamente por centros no gubernamentales que funcionan como cárceles privadas, sin programas ni personal profesional, que comercializan sus servicios sin supervisión sanitaria del gobierno. Son habituales las prácticas violatorias de los derechos humanos del interno, como son mantenerlos incomunicados de sus familias, propinarles castigos en grado de tortura que en algunos casos llegan a ocasionar la muerte de los internos.
El Centro Nacional para la Prevención y el Control de las Adicciones (CENADIC) señala que existen sólo 43 centros públicos con internamiento a nivel nacional (2013), para un número aproximado de 550,000 personas con dependencia de drogas en el país, según la última Encuesta Nacional de Adicciones (ENA). 
COROLARIO:
Prevenir es más económico y rentable que tratar de remediar. Es preferible invertir en escuelas, campos deportivos, centros de formación y sano entretenimiento, que gastar en cárceles y armamento. Dejar la simulación en el combate al narcomenudeo, atender a los farmacodependientes en lugar de criminalizarlos, y enderezar el esfuerzo a desmantelar las redes de distribución en lugar de seguirse centrando en el último escalón de suministro, para encarcelar adictos y “sacar la chamba”.