ES MI OPINIÓN HOY RECORDAMOS A NUESTRO AMIGO ADOLFO LUCERO MURILLO.

agosto 28, 2015 0 Por Pablo Diestro
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Por: Max Rodríguez

La mañana de ese 28 de mayo hablamos por teléfono, si no era diario, al menos tres veces por semana nos comunicábamos, ese día estaba más contento, faltaban unos días para la elección del 7 de junio y siempre decía “vamos a ganar mi querido Max, vamos a ganar”, se refería a que ansiaba el triunfo de Ricardo Barroso Agramont, dialogamos unos diez minutos y colgó, pero dejó en firme que la política era su pasión, estaba demasiado involucrado en el proceso electoral de este año 2015.

Adolfo Lucero Murillo, mi gran amigo de mucho tiempo, compañeros de trabajo, nos reencontramos después de años, siempre nos veíamos con gusto, Adolfo con la sonrisa de siempre, de un hombre de valor, de una persona que supo luchar y vencer retos, de lograr sus metas. Así fue Adolfo.

Ya no nos vimos más esa mañana, ni al mediodía, fue hasta poco antes de las 6 de la tarde cuando las alertas nos llegaron, “hay movilización policiaca en la Pino Pallas y J. Mújica, hay algo fuerte muévanle se oyen disparos”.  Eran las voces de los compañeros que cubrimos la fuente policiaca que vía telefónica por Whatsapp, con audio y por escrito nos mandábamos mensajes de alerta, de cuídense.

Bien sabíamos que había riesgos, que las cosas estaban difíciles, sin embargo, no he visto reportero que rehúya al peligro que se corre en estos casos, por el contrario busca llegar hasta donde las cosas se ponen más problemáticas. No es el tema de ganar la información, sino de estar más cerca de donde suceden las cosas para poder informar debidamente, eso fue lo que se hizo, se corrió hacia adelante para estar más cercanos al lugar de donde se escuchaban las detonaciones  de las armas de grueso calibre.

Llegamos casi juntos, nos encontramos al llegar a una gran barda en J. Mújica y Pino Pallas, él con su cámara de video al hombro, yo con mi cámara fotográfica corrimos hacia adelante, “mi Max cúbrete, vamos para allá, hacia el poste ahí nos cubrimos, me grito”.
Corrimos pero sin dejar él de grabar video y yo de tomar fotos,  así fue como tome una fotografía donde Adolfo Corre hacia el lado derecho  para llegar conmigo hasta donde nos encontraríamos, fue la última foto de mi amigo, la fotografía donde se aprecia corriendo hacia la zona de las detonaciones, una gráfica que no supe que la había captado con mi cámara, sino hasta que mi amigo Cuauhtémoc Morgan me dijo que ahí estaba esa,  su última foto, trabajando.

Llegamos a la acera de Pino Pallas, nos cubrimos en un poste a unos 25 metros de donde estaba la camioneta de los sicarios, la alcanzamos a ver con algunos impactos de bala, más atrás la camioneta pick up de la Policía Estatal, con los daños provocados por una granada.

Escuchamos más detonaciones, el Ejército y la policía ministerial se habían adentrado al monte persiguiendo a los sicarios, otra parte del personal de la Procuraduría General de Justicia del Estado se metió a la palapa de mariscos desalojando a la gente, ahí detuvieron a un sujeto disfrazado de mesero, era “El Grande”,  el tenebroso criminal, herido ligeramente fue custodiado por los ministeriales hacia una camioneta, esposado y vigilado para trasladarlo a la PGJE. Vimos lo que ocurría, pero no sabíamos aun a quien habían detenido.

Eso sucedía cuando escuche un grito de Adolfo, “Max ayúdame, ayúdame”, lo detuve casi al caer, pedí ayuda también, Eliseo Zuloaga y Alejandro llegaron hasta donde estábamos, Adolfo ya en el piso, llegó personal de la gendarmería, que intentó revivirlo, lo cual fue imposible, fue un infarto, fue fulminante, Adolfo no lo soportó, ahí murió con Eliseo y conmigo a su lado.

Ese día lo dije, Adolfo cayó no por las balas de los criminales, de esos malditos sicarios de los narcotraficantes, pero si cayó a causa de ellas.

Hoy 28 de agosto se cumplen tres meses de ese fatídico día, hoy recordamos a nuestro amigo que siempre nos regalaba los buenos días con una gran sonrisa.

Algún día estaremos juntos amigo, te mando un grande y fraternal abrazo.