La Paz, puerto de partida para la conquista de la California Estadounidense

La Paz, puerto de partida para la conquista de la California Estadounidense

enero 15, 2018 0 Por Luis Domínguez Bareño
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La Paz, BCS.- Lo que hoy es la ciudad de La Paz comenzó su crecimiento urbano hasta el siglo XIX, un tiempo tardío sin duda si lo comparamos con otras ciudades de la Nueva España, las cuales poseen una arquitectura propia del tipo colonial, incluso con edificaciones de tiempos prehispánicos; lo cual ofrece testimonio de la ocupación de esos espacios masivamente por los seres humanos e indicando un proceso de ordenamiento del espacio desde hace ya varios siglos.

Pero como todo en la California peninsular se mueve a otra velocidad, en un tiempo interiorizado, único, resultamos herederos de una historia distinta. La lejanía de los grandes centros poblacionales conquistados por los españoles y la separación natural que hace el Golfo californiano del macizo continental, fomentaron otro tipo de ocupación del espacio, haciendo que las condiciones geográficas por sí mismas impusieran una dinámica propia por acá.

Recordemos que la antigua bahía y puerto de Santa Cruz, bautizada así por Hernán Cortés en 1535, no logró sostener poblaciones neoespañolas durante el siglo XVI, siendo la erección del Real de Nuestra Señora de Guadalupe, de abril a julio de 1683 y fundado por el religioso Francisco Eusebio Kino, uno de los primeros asentamientos duraderos en la zona de la bahía de La Paz; hubo algunos otros campamentos, principalmente de armadas perleras, pero eran de naturaleza efímera.

Sería el esfuerzo de los jesuitas Jaime Bravo, Juan de Ugarte y Clemente Guillén a finales de 1720, lo que por fin consolidaba el largo anhelo de poder ocupar la ensenada paceña; esta Misión jesuita de Nuestra Señora del Pilar de La Paz duró casi 15 años, siendo administrada por el mismo Jaime Bravo, el jesuita escocés William Gordon y el español Sigismundo Taraval, la rebelión de los californios en 1734 forzó el abandono de la ensenada paceña. Durante los siguientes tres años sería esporádicamente ocupada la costa de La Paz, siendo lugar de varios enfrentamientos entre los californios guaycuras y los soldados misionales, estos últimos que fueron reforzados con indios yaquis, así como algunos indígenas de Loreto.

Aun así, tan desolada y tan lejana de los enclaves misionales más prósperos, La Paz, orgullosa y esquiva, continuó como puerta de entrada a la California; desde el remanso de su puerto era posible descansar las naves que hacían las travesías desde Loreto a los puertos neoespañoles en la contracosta del continente; así, a la expulsión de los jesuitas de la península en 1768, La Paz se convirtió en el teatro de operación de la conquista espiritual y civil de la Alta California, en su puerto se cargaron los barcos que llevaron las vituallas en la famosa expedición de Gaspar de Portolá y sus “dragones catalanes” para ocupar la esquina noroccidente de la Nueva España.

El “ilustrísimo” (y poderosísimo) señor Visitador don José de Gálvez, quien había llegado desde Madrid a la Nueva España investido de poderes absolutos por el monarca español Carlos III, mandó llamar al religioso líder de los franciscanos en la California peninsular, Junípero Serra, a que «bajara» de Loreto y lo encontrara en el Real de Santa Ana, ahí resolvieron la ocupación de la Alta California: saldrían tres paquebotes que llegarían navegando hasta San Diego, además habría dos expediciones por tierra, se fundarían tres misiones: una en el puerto de San Diego al sur, otra en el puerto de Monterey en el extremo norte, quedando en el medio de estas la restante que se llamaría de San Buenaventura. Las órdenes eran claras: por mar y por tierra desde la Antigua se conquistaría la Nueva California.

Todo lo que se había mandado comprar en San Blas se guardó en almacenes en La Paz, pero también se llevaron ornamentos, vasos sagrados y demás utensilios de iglesia y sacristía desde las misiones californianas; por si fuera poca pérdida, la península contribuyó con su exigua producción de ganado pues más de 200 vacas, toros y bueyes fueron llevados al norte en las expediciones por tierra.

Junípero Serra

Junípero Serra

El recientemente nombrado santo católico, Junípero Serra, en aquel tiempo (1769) celebró una misa en La Paz bendiciendo barco y banderas, rogando al Santísimo Patriarca San José por el bien de la empresa conquistadora, pues era santo patrono de las expediciones. Al término del asunto religioso, Gálvez realizó una extensa exhortación a los que se embarcarían en la misión a la California Septentrional, no era una labor misionera, se trataba de una empresa de Estado; seguramente las palabras de Gálvez recordaban las altas pretensiones que la monarquía española había puesto en dichos trabajos: esta vez los misioneros no llevaban el control, eran segundones ante la preeminencia de los intereses del Imperio español. Era el 9 de enero de 1769.

La nave capitana llamada “San Carlos” fue tripulada por el padre fray Fernando Parrón, el capitán comandante era Vicente Vila, el teniente Pedro Fages que comandaba a 25 expedicionarios de Cataluña, al famoso ingeniero militar Miguel Constanzó, a Pedro Prat cirujano de la Real Armada, así como varios oficiales de marina. Ese mismo 9 nueve de enero salieron de la ensenada de La Paz con júbilo e ilusión de cumplir el encargo recibido.

A la otra nave conocida como “San Antonio” o “El Príncipe”, un fuerte viento invernal del norte no le permitió arribar a La Paz, desviándose a Cabo San Lucas. Al enterarse Gálvez mandó que se detuvieran en ese lugar hasta que él llegara. Gálvez siguió al San Carlos en el paquebot “Concepción”, escribiendo al padre Francisco Palou (que se encontraba en San Xavier) para informarle que no podría acompañar a la expedición, pero acompañaría a la embarcación “San Carlos” hasta Cabo San Lucas, donde desembarcaría y fijaría lo necesario para que, lo antes posible, la “San Antonio” fuera despachada; y así fue, pues el 15 de febrero las dos naves expedicionarias ya estaban rumbo a la California Septentrional.

José de Gálvez

José de Gálvez

Un tercer paquebot llamado “Señor San José” había llegado de San Blas a Cabo San Lucas, dispuso Gálvez descargara en ese lugar y se fueran a La Paz, ahí lo esperaron mientras Gálvez fue por tierra a Todos Santos para de ahí pasar a Santa Ana, se embarcó junto a ellos en La Paz y llegaron a Loreto donde se detuvieron hasta el día primero de mayo, de ahí pasaron a la ensenada donde desemboca el Río Mayo en Sonora, en ese lugar ya tenía una carga de bastimento lista para que el “Señor San José” la llevar a California, Gálvez se enfiló al Real de Sonora y el barco regresó a Loreto para terminar de embarcar a la gente y lo necesario para enfilarse a la expedición. Partió de ese puerto y Misión de Loreto el 16 de junio para nunca volverse a saber más de ella, no se encontró ni el naufragio, ni los restos, ni a ningún sobreviviente.

Las otras dos expediciones por tierra salieron algunas semanas después, fueron encabezadas por el famoso Gobernador de California, Gaspar de Portolá y el capitán Rivera y Moncada, por parte de los religiosos fueron a la cabeza San Junípero Serra y fray Juan Crespí, quien junto con Palou, forman el tridente de franciscanos que llegaron a suplir a los jesuitas en la Antigua California, y encabezaron la ya conocida expedición a la Alta California con el establecimiento de Misiones en los pueblos que se fueron fundando por los españoles.

Como bien podemos constatar, en esta revisión de las expediciones marítimas que lograron la conquista de la hoy California estadounidense, La Paz fue un lugar crucial para la misma. Hoy, quizá por la falta de vestigios físicos de este importante hecho, es que tendemos a menospreciar o soslayar la importancia histórica que ha tenido nuestro puerto para la conformación de lo que hoy es México y, en general, la colonización y ocupación de todo el Noroeste de América.

Pero tenemos la palabra escrita, los documentos, cartas y mapas que son testimonio fiel del paso de importantes personajes, reconocidos como forjadores de la Historia de América: Hernán Cortés, Francisco de Ulloa, Sebastián Vizcaíno, Francisco Eusebio Kino, Juan María de Salvatierra, Junípero Serra, José de Gálvez, Gaspar de Portolá y muchos otros más, aventureros, conquistadores, colonizadores y religiosos, todos ellos encontraron una oportunidad para seguir sus trabajos en el noble y seguro puerto paceño, en la «soleada paz de la bahía» que poetizara Fernando Jordán.