Manuel de ocio y el Real de Santa Ana

Manuel de ocio y el Real de Santa Ana

diciembre 9, 2018 0 Por Sealtiel Enciso Pérez
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En la actualidad hablar de El triunfo y San Antonio, ambos poblados de la California del Sur, nos lleva a comentar sobre unos pueblos campiranos en donde se puede degustar un delicioso desayuno, visitar algunas casas ya deterioradas por el tiempo pero que tuvieron su auge, conocer las chimeneas la Ramona y la Julia así como los panteones Chino e Inglés. Pocos son los que recuerdan los inicios de estos sitios, los cuales fueron el detonante de los pueblos seculares en la península y el inicio de la colonización en estas tierras de California.

Ya en otro reportaje hemos hablado de Manuel de Ocio y el origen de su riqueza a través de la explotación de los placeres perleros. Ahora trataremos la trayectoria de este español pero en el ramo de la explotación minera la cual hasta esos años estaba virgen en la California. La forma en que se enteró De Ocio de que en el sur de la península había yacimientos de plata no fue casual. Esta región ya había sido explorada por el sacerdote jesuita Ignacio María Nápoli en el año de 1721 en la búsqueda de un sitio donde se pudiera establecer una Misión. Llegó a un lugar al cual los Pericúes llamaban “Marinó” en donde pudo observar que había abundante agua y una amplitud de buena tierra donde podrían realizarse sembradíos y pastorear ganado para sostener una Misión. Al sitio se le nombró Santa Ana. Sin embargo tras algún tiempo de estar tratando de convertir a los naturales a la religión católica, empezaron a tener graves contratiempo con ellos por lo que se decide cambiar de lugar. En esta expedición al sacerdote Nápoli lo acompañaba el Capitán Esteban Rodríguez Lorenzo que era el jefe de la guardia que protegía el presidio de Loreto, el cual se dedicó a explorar el terreno alrededor de Santa Ana y descubrió ricas vetas, a cielo abierto, con mineral de plata.

Esteban Lorenzo dejó el siguiente relato de su estancia en Santa Ana: “….de la costa al paraje de Santa Ana hay seis leguas de distancia, muy buen arroyo con muy buena agua y bastante; país muy ameno y abierto con admirables llanadas, lomerías y varios arroyos con agua que salen de una sierra que está enfrente, mirando al sur, y la que llaman de Santa Ana y los naturales le llaman Marinó. Hay en ellas muy admirables maderas de güeribos, robles, encinos, y minerales de plata”. El capitán estaba emparentado con Manuel de Ocio debido a que éste último estaba casado con la hija de Lorenzo. Ambos intercambiaron información sobre las grandes ganancias que obtendrían al explotar estos yacimientos de plata y en cuanto la explotación perlera empezó a decaer por la sobreexplotación de los placeres, De ocio cambió el giro de sus actividades para dedicarse a la minería.

Algo que favoreció e impulsó a Manuel de Ocio a vender todas sus naves y adquirir una gran cantidad de aparatos, materiales y herramientas para explotar el mineral fue un Real Decreto que lanzó la Corona Española en el cual se estimulaba a los súbditos de la Corona a crear poblados seculares en donde se explotaran las riquezas de la Nueva España y con ello contribuir al enriquecimiento de las Arcas Reales las cuales estaban muy mermadas por la guerra constante que sostenían contra otros reinos en Europa. Cuando este decreto llegó a las californias, los Jesuitas hicieron oídos sordos debido al peligro que representaba para su hegemonía económica y de gobierno en esta península.

De Ocio se trasladó al sitio denominado como Santa Ana y construyó una casa para albergarlo a él y a su familia, un almacén para resguardo de sus herramientas y empezó la construcción de “presas de jale” para explotar los minerales preciosos que ahí se encontraban. Contrató a los colonos que ya habitaban en la península y que no tenían otra forma de hacerse de sustento, sin embargo el trabajo era durísimo bajo condiciones muy adversas, además de que De Ocio se caracterizó por ser un patrón sumamente tacaño y cruel con sus empleados. Los trabajadores vivían en condiciones sumamente paupérrimas y era común que desertaran de estos lugares tras poco tiempo de laborar. Después de 3 años en los que se estableció en el terreno y empezó a producir pasta de plata, en un principio en pequeñas cantidades; de Ocio fue conminado a registrarse en La Real Hacienda y Caja de Guadalajara para que pudiera pagar los impuestos respectivos así como se le vendieran materiales como mercurio y sal, necesarios para el proceso de explotación de la Plata.

Las primeras minas que fundó Manuel de Ocio fueron El Triunfo de la Santa Cruz, San Pedro y San Pablo, y en 1752 recibió el título de la mina San Nicolás. Algo que es importante de relatar fue la gran oposición que tuvo De Ocio y sus trabajadores por parte de los Jesuitas encargados de las Misiones de Todos Santos, Santiago y San José del Cabo, los cuales veían en estos colonos el peligro de disputarles el poder que durante casi 50 años habían mantenido de forma hegemónica los Ignacianos, además de que empezaban a “infectar” con el virus de la codicia, avaricia e insubordinación a los indígenas que convivían con ellos, ya que los pericúes empezaron a exigir que les pagaran por las actividades que hasta ese entonces realizaban de forma gratuita para las Misiones: cuidar ganado, cultivar tierras, etc. Los Sacerdotes se negaban a venderles productos a los trabajadores de las minas, por lo que Manuel de Ocio tuvo que adquirir barcos que trajeran los alimentos que se necesitaban además de telas, calzado, etc. de Matanchel, Guaymas o San Blas. Además de lo anterior empezó a criar ganado de diferentes especies para alimentar a sus trabajadores llegando a tener miles de cabezas de ganado las cuales era imposible de contar.

Los primeros poblados que se establecieron, alrededor de las minas de Santa Ana, El triunfo de la Santa Cruz, San Antonio de Padua, etc. en un principio eran rudimentarios tejavanes que poco o nada protegían de la intemperie a los trabajadores, pero con el auge de estos sitios llegaron cada vez más personas a trabajar y su poder adquisitivo aumentó, por lo que se construyeron casa más fuertes y resistentes, pozos para extraer agua, locales de esparcimiento, calles empedradas, etc. Según los datos que dejó el Sacerdote Miguel del Barco en sus escritos en 1740 llegó a haber una población de 400 trabajadores en el Real de Santa Ana, y 50 años más tarde eran casi 700; la mayoría de estos trabajadores eran indígenas de fuera del estado y mestizos nacidos en la Nueva España. Por lo general estos colonos vivían en condiciones muy limitadas, en gran pobreza. Para poder subsistir tenían que dedicarse a hurgar entre los desechos de las minas o realizar cernido de arena de los arroyos alrededor de los poblados para ver si encontraban algún grano de plata u oro.

Es cierto que Manuel de Ocio logró hacer una buena fortuna, sin embargo se hizo de una gran cantidad de enemigos entre sus trabajadores. De Ocio se convirtió en un acaparador y tuvo bajo su dominio el único almacén en la península que vendía alimentos y demás mercancías a los trabajadores, lo cual hacía a precios que dictaba su capricho. A sus trabajadores los trataba como esclavos y los sometía a jornadas de trabajo extenuante bajo condiciones muy peligrosas y limitadas. Sin embargo esta suerte de Manuel de Ocio estaba a punto de acabar y de una manera desastrosa, pero eso será motivo de otro reportaje.

Este fue el inicio de la colonización de nuestra península con poblados alejados de la tutela de la Iglesia. El deseo de hacerse de una fortuna y de contar con la posibilidad de adquirir en propiedad alguna tierra, motivó a muchos europeos y mestizos a venir a trabajar a estos lugares de la California Austral.

Bibliografía:
Sociedad y Gobierno en el mineral de San Antonio y El Triunfo, Baja California Sur (1857-1910) - ALEJANDRO TELECHEA CIENFUEGOS
Historia natural y crónica de la Antigua California - Miguel del Barco